Los colores, las formas y las prendas claves de esta temporada primavera-verano muestran una fuerte inspiración extranjera, retro y con acentos de activewear.

 

La temporada primavera-verano suele ser añorada no sólo por estilistas y editores, sino por aficionados a la moda que esperan el momento perfecto para darle un toque de frescura a sus guardarropas. Con el recuerdo de los diseños que desfilaron por las grandes pasarelas y los elementos que resaltan dentro las colecciones de las grandes marcas de low-cost, la primavera-verano se perfila como una temporada para la inspiración extranjera, las asimetrías y los colores impactantes.

 

En pocos meses, los kimonos han logrado encontrar un espacio en casi todas las tiendas de fast fashion, consiguiendo, a la vez, dominar los looks de street style de múltiples bloggeras. Con sus clásicos estampados florales, esta prenda de inspiración japonesa puede fácilmente descontracturar diferentes tipos de atuendo, sea de prendas básicas o formales.

 

Sin embargo, Japón no es el único país que domina la temporada: los cuadros vichy, o gingham, tradicionales del look provenzal francés, también son definidos por su versatilidad, permitiendo un look fresco y primaveral para elementos casuales, y un toque de personalidad para prendas de mayor sofisticación. Los bolsos-canasto, tan añorados por la actriz y modelo Jane Birkin, también se destacan como uno de los accesorios de mayor peso.

 

La importancia de la lencería y el activewear en la industria ha permitido la consolidación del bralette como pieza tanto para el día como para la noche, ya no relegada a las idas al gimnasio o al cajón de ropa interior.

 

Con sus clásicos estampados florales, el kimono puede fácilmente descontracturar diferentes tipos de atuendo, sea de prendas básicas o formales.

 

De la mano del kimono, la seda se destaca como uno de los materiales claves de la temporada, pero no sólo en este tipo de vestido nipón, sino también con los slips o camisolas, tan recurrentes en la década de 1990, también filtrándose en prendas como cazadoras o shorts.

 

Si bien hace algunos meses la empresa de artes gráficas Pantone anunció el verde Greenery como el color de esta primavera, la tonalidad se enfrenta al rosado y el amarillo como favorito de la temporada. Entre estos, no obstante, quizá sea el rosado el que ha rendido el mayor combate: generalmente asociado a una feminidad excesiva o infantilizada, el color ha sido redimido por diseñadores y público por igual, tanto en sus tonalidades más suavizadas como en el estridente fucsia de los años 80, que se hizo notar en las pasarelas de Louis Vuitton al ser combinado con un impactante rojo.

 

 

Tras la popularidad del estilo off the shoulder, que consiste en dejar un hombro al aire, la asimetría se incorporó en la estructura misma de las piezas, manifestándose tanto en largos disímiles como en detalles de cut out, segmentos sin tela que dejan la piel al descubierto, preferentemente parte de los hombros o de la cintura.

 

En contraste, las mangas con excesos también se han impuesto, prefiriendo los detalles, los volantes grandes, con inspiración floral, o los tamaños exagerados, que brindan tanto movimiento como volumen. Las colecciones de Kenzo o Stella McCartney, por ejemplo, las utilizaron para marcar una silueta original.
Ningún atuendo está completo sin los accesorios correctos, y los que se destacan en esta temporada son los pendientes XXL, también populares en los 80, tanto llamativos como minimalistas, que sirven para contrastar con los atuendos asimétricos que dejen hombros al descubierto. Los kitten heels, en tanto, en el departamento de calzado, dominan especialmente en atuendos con toques andróginos o más inclinados hacia el activewear, para quebrar, con delicadeza, estilos más urbanos.

 

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Photo credit: iria_lata60 via Foter.com / CC BY-NC-SA